Blog

En un proceso de separación o divorcio vemos que en muchos casos el litigio está encallado, la mediación no avanza y el conflicto comienza a cronificarse.

Estamos ante una pareja que ha decidido poner fin a su vida matrimonial, pero sin embargo no pueden llegar a un acuerdo en diversos temas, porque no han logrado un divorcio emocional del cónyuge.

Muchas veces los hijos son tomados como botín de guerra y se ven en el compromiso de tener que tomar partido entre un bando y el otro como si de un partido de football Barça – Madrid, se tratara. Esta situación que ya de por si es dolorosa para los niños comienza a ser traumática, dado que se sienten culpables por ver a un progenitor y no al otro, porque la familia se ha roto, sienten que pierden el hogar, tienen el temor de ser abandonados y en muchos casos hasta se sienten los culpables de la ruptura. De esta manera terminan aliándose a un miembro de la pareja, sintiendo que traicionan al otro y consecuentemente aparecen síntomas de depresión, angustia, hostilidad, bajo rendimiento escolar entre otros.

Decimos que no hay divorcio emocional cuando la desilusión y el rencor generan un conflicto en muchos casos irresoluble y donde la querella es continuamente retroalimentada.

En estos casos la mediación familiar es una herramienta sin duda valiosísima como forma de construir una nueva historia.

A partir del perdón sincero y de reconocer el daño producido tanto en uno como en otro miembro de la pareja es que podemos abrir historias pasadas y comenzar a sanar heridas narcisistas no resueltas provocadas por la pérdida o ruptura familiar.

Para eso es necesario trabajar en sesiones tanto de pareja como individuales para comprender la historia y desestabilizarla. Y de ahí en adelante poder co-construir una nueva historia y una nueva relación como padres.

Como sostiene la Dra. Liliana Zanusso (Psiquiatra y Mediadora Familiar) el perdón pasa a formar parte indiscutible de la mediación ya que de esta manera podemos comenzar a sanar heridas y empezar a ver al otro desde un lugar diferente.

El perdón es un acto de amor con el otro y con uno mismo. Perdonar significa no olvidarse de lo que pasó, pero sí tener la sabiduría para aceptarlo y reconciliarnos con la realidad que hoy vivimos.

De esta manera en el perdón hay dos posibilidades: una que la otra parte me pida perdón o directamente ante esta imposibilidad que yo tome una posición activa y perdone al otro. Perdonar implica un acto de generosidad no solo para el que es perdonado si no también para el que perdona, ya que el perdón produce un alivio al reconocer errores pasados y la posibilidad de restituir la confianza en el otro.

Author: Carola Sagasta

Soy Lic. En Psicología graduada en la Universidad de Buenos Aires, Título homologado por la Universidad de Girona. Poseo un Máster en Organización Estratégica de RR.HH. y otro en Mediación Familiar realizado en el Colegio de Abogados de Barcelona.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies